menopausia masculina

La menopausia también tiene cara masculina

Muy pocos varones de más de 40 años, o ninguno, aceptaría que se lo llame “menopáusico” sin reaccionar. Lo tomaría como una afrenta. Se da por sentado que la menopausia es cosa de mujeres. Son ellas las que sufren el retiro de la menstruación, los súbitos “golpes de calor”, los repentinos cambios de humor, depresión, merma del deseo sexual o reacciones orgánicas como sequedad vaginal o pérdida de densidad ósea.

( Otro artículo que te puede interesar es El ajo y su salud )Como en los hombres no se advierten, al alcanzar la mitad de la vida, estas manifestaciones, pareciera que su tránsito por ese tramo existencial es menos significativo. Sin embargo, el climaterio del varón existe y tiene incidencias concretas en su comportamiento. Hacia fines de los años 40 los médicos
Carl Heller y Gordon Myers fueron los primeros en hablar de andropausia (del griego andro, hombre, y pausia, pausa) para designar el fenómeno. Aunque la tendencia de los varones a ignorar el cuidado de su propia salud y a desconectarse u ocultar sus estados emocionales o cualquier indicio de pérdida de potencia, hizo que prestaran poca atención o ignoraran esta transición fundamental de su vida.
Aunque sean distintos que en las mujeres, también los varones tienen ritmos hormonales complejos que afectan su sexualidad, su estado de ánimo y su temperamento. El climateriomasculino se vincula con el descenso en la producción de testosterona, hormona generadora del deseo sexual, la fuerza muscular, la impulsividad entre otras cosas. La testosterona tiene ciclos de fluctuación diaria, mensual, anual y en el ciclo vital completo. A los 80 años un hombre produce el 50% menos de esta hormona que a los 20. Y, según el varón, el pico de la caída puede producirse entre los 40 y los 55 años. Entonces sobrevienen transformaciones físicas, psíquicas y espirituales que también tienen una repercusión en la vida social.
En esa edad es natural que, de acuerdo con el ritmo de su climaterio, un varón vea atenuada su impulsividad sexual, su agresividad, su energía física y que sienta una mayor necesidad de ternura, de pasividad, de intimidad. Tarda más en recuperarse de golpes y lesiones, tiene algunos problemas de sueño, pierde cabello, está más irritable, lo atacan desconocidas sensaciones de indecisión, inseguridad y melancolía, puede perder fe en algunos objetivos y confianza en sí. Esto no es malo. Es simplemente un proceso natural de tránsito y reacomodamiento a nuevas etapas de la existencia. El problema aparece cuando –atado a una concepción de lo masculino en la cual todas aquellas cuestiones son sospechosos indicios de “feminización”- el varón intenta negar lo que es un proceso natural de la vida.
Si los hombres empiezan a reconocer, a aceptar y procurar mayor información sobre su climaterio, tendrán más posibilidades de atravesar ese tramo existencial de una manera menos angustiosa, sin pérdida de autovaloración y sin crearse nuevas y traumáticas exigencias (tanto sexuales, como físicas o psicológicas). El climaterio masculino no es el fin de la masculinidad, sino su transformación. Si el varón comprende esto podrá entrar a la segunda adultez con un panorama amplio y renovado de sus propios recursos y opciones de vida. El climaterio no es una enfermedad ni motivo de vergüenza u ocultamiento. Es un ciclo de la vida, sobre el cual los hombres son acreedores de mayor información.

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