Cuba Matinal
einstein en cuba

EL DÍA QUE EINSTEIN ESTUVO EN UN CUBA.

La frase anterior fue la marca que dejó nada menos que el Premio Nobel y científico más famoso del siglo XX, Albert Einstein, en el Libro de Oro de la Sociedad Geográfica de Cuba, donde fue invitado a dejar algunas líneas escritas durante su breve visita a la isla.

Una lectura descontextualizada puede dificultar la comprensión del significado de la frase. Pero teniendo en cuenta que fue escrito en diciembre de 1930, se hace evidente que Einstein se refería a la mayor crisis económica mundial del siglo XX, que comenzó con el colapso de la Bolsa de Valores de Nueva York y se expandió a todo Occidente, llevando al surgimiento de gobiernos fascistas y a la erupción de la Segunda Guerra Mundial una década después.

El 19 de diciembre de 1930, Albert Einstein llegó a La Habana para una breve visita mientras se dirigía a Pasadena, en los Estados Unidos, donde realizaría una investigación científica sobre la teoría de la relatividad en el observatorio astronómico Monte Wilson.

La agenda oficial de los científicos en Cuba era intensa. Por la mañana, participó en un acto solemne en su honor, que tuvo lugar en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Por la tarde, en compañía de su esposa Elsa, fue honrado por la comunidad hebrea cubana y participó en un banquete en la terraza jardín del lujoso Hotel Plaza.

Después de haber solicitado un tour en el que pudo conocer mejor Cuba en su breve visita, Einstein y su esposa fueron llevados al exclusivo Country Club y Havana Yacht Club y luego a la zona de Santiago de las Vegas, un municipio ubicado a unos 20 km del centro histórico, para que pudieran admirar los hermosos paisajes de la isla. La visita también incluyó una visita al Asilo de la Mazorra para enfermos mentales, el Aeródromo de Curtiss y la Escuela Técnica Industrial.

De manera contraintuitiva, el itinerario del científico no incluyó una visita a la Universidad de La Habana, ya que fue cerrada por decreto del dictador Fulgencio Batista, quien había afirmado que la academia se había convertido en un centro de rebelión popular.

Por lo tanto, el último programa de la agenda del día 19 incluyó la asistencia a otro homenaje en la Sociedad Cubana de Ingenieros.

Einstein se negó a quedarse en el recién inaugurado Hotel Nacional, el más lujoso de La Habana, y pasó la noche en el barco de Belgenland, como lo había hecho en los días anteriores a su viaje.

El día siguiente sería el último de su breve visita. El director del Observatorio Nacional y su esposa acompañaron a Einstein y Elsa y lo que no fue la sorpresa de la pareja cuando el ilustre visitante insistió en recorrer los barrios más pobres, afirmando que cuando se les pidió que conocieran Cuba el día anterior, fueron conducidos a parques y clubes de élite y que, a partir de entonces, estaban decididos a ver lo contrario.

El científico finalmente conoció la realidad del país, habiendo visitado los barrios pobres, algunas casas modestas y hablado con los residentes locales, agradeciendo en la despedida la amabilidad de la gente al tratar de complacerlo.

A la una del día 20, el barco zarpó hacia el Canal de Panamá, después de unas treinta horas en el puerto de La Habana.

«Clubes de lujo junto a una pobreza atroz, que afecta principalmente a la gente de color», es la impresión de Cuba en el diario de Einstein del sábado 20 de diciembre de 1930.

Científico de renombre mundial y padre de la teoría de la relatividad, Einstein fue también un individuo perspicaz y preocupado ante las dificultades económicas y sociales de su generación. Los informes referidos a las 30 horas en que el científico estuvo en La Habana revelan mucho más que los compromisos de lujo y homenajes recibidos. El pasaje de Einstein compone un retrato en el que destaca la sensibilidad del visitante hacia un país neocolonial que sufría de una desigualdad estructural y cuyo régimen político autoritario y oligárquico comenzó a moverse hacia su inevitable final unas décadas más tarde.

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