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Entrevista al disidente desterrado Antonio Díaz Sánchez y a su esposa la dama de Blanco Gisela Sánchez Verdecia

Entrevistas/ “Hemos tenido que viajar para poder ser liberados”

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Cubamatinal/ Solidaridad Española con Cuba, publica en su blog sendas entrevistas  al exprisionero desterrado Antonio Díaz Sánchez y asu esposa, la Dama de Blanco,  Gisela Sánchez Verdecia.

Antonio Díaz Sánchez
Edad: 48 años.
Casado con la Sra. Gisela Sánchez Verdecia, Dama de Blanco. Padre de dos hijas.
Miembro del Consejo Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación y uno de los principales gestores del Proyecto Varela.
Condena: 20 años.
Exiliado en España en julio de 2010.
Actualmente se encuentra en Alzira, Valencia.
 

¿Cuál es su opinión sobre la delegación del PSOE que viajará a Cuba y no se reunirá con opositores en la isla?

Si estas diputadas viajan a cuba y no se reúnen con la oposición es muy difícil que puedan crearse un criterio sobre lo que está ocurriendo ahora en Cuba. No reunirse con un sector de la sociedad cubana es asumir la misma posición que ha asumido el gobierno cubano de ignorar a ese sector. Creo que la visista demuestra la intención de apoyar y respaldar al gobierno cubano. Están excluyendo a la oposición como factor social.

La única sugerencia que les haría, en su condición de féminas, es que visitaran a doña Reina Luisa Tamayo y que se solidarizaran con ella que está sufriendo abusos por parte del gobierno cubano.

¿Cómo se dio su liberación y viaje a España?

No hemos sido liberados para poder viajar, si no que hemos viajado para poder ser liberados. Incluso estando todavía aquí en España la sentencia sigue vigente como una espada de Damocles en nuestro archivo legal en Cuba. Las sentencias contra nosotros no se han anulado.

Desde mi llegada he podido palpar el conocimiento que tienen en España de la situación de Cuba y la solidaridad de muchos con la democracia y los derechos humanos en la isla. La gran mayoría sabe que en Cuba no hay democracia y los españoles nos han apoyado en nuestra precipitada llegada. He sido acogido por la ONG Asociación Comisión Católica Española de Migración (ACCEM), aquí, en Valencia donde me han entregado un piso para poder vivir este período. Actualmente estoy esperando que me aprueben el estatus de refugiado político.

¿Hasta que no le acepten la condición de refugiado político no tiene permiso de trabajo?

Cuando me acepten el estatus de refugiado político me entregarán el permiso de trabajo, a partir de allí podré estar en el mercado laboral de España. Siempre manteniendo mi compromiso con la libertad de Cuba y los derechos humamos.

¿Por qué cree que el gobierno cubano ha tomado la decisión de liberar a este grupo de presos políticos?

El año 2010 ha sido un período muy turbulento para el gobierno cubano. En primer lugar, la muerte de Orlando Zapata, que llamó la atención de la situación de los presos en Cuba y, en segundo lugar, el Parlamento Europeo hizo una resolución en términos muy enérgicos que también llamó la atención de la opinión pública.

Además, a eso se le suma el valor y la entrega total de las Damas de Blanco que reclamaron la libertad de todos los presos. Tampoco hay que olvidar la huelga de hambre de Fariñas quien puso su vida en juego en un acto de filantropía único en la historia de Cuba. Todo esto hizo que el gobierno se haya visto presionado, por eso ha accedido a las peticiones de la Iglesia para gestionar con el gobierno español la liberación de los presos políticos.

¿Cómo se entera de que iba a ser liberado?

Yo me entero cuando se publica en el Granma. Este periódico decía que íbamos a ser liberados. Me propusieron viajar a España pero en ningún momento me dijeron que iba a salir de la cárcel. Las opciones eran viajar a España o permanecer preso en Cuba. Los compañeros que decidieron no viajar a España, están en prisión.

¿Y eso se lo comunicó el Cardenal Jaime Ortega?

El Cardenal me preguntó si quería viajar a España. Yo en principio me negué a salir de Cuba. Finalmente, mi familia me pidió que saliéramos. Esto ha sido un denominador común en casi todos los casos de estas salidas de Cuba.

La vida en prisión

¿En qué prisiones estuvo?

Estuve preso cuatro años y medio en Ciego de Ávila, dos años y siete meses en Holguín y casi dos meses en La Habana.

¿Por qué le meten preso?

En mi caso me encarcelaron por participar de forma activa en el proyecto Varela. Me encargaba de la parte coordinadora del comité gestor. Casi la totalidad de este comité estuvo presa.

El 19 de marzo de 2003, a las 7 de la tarde, mi casa fue literalmente asaltada por efectivos de la policía política. Este asalto duró aproximadamente cinco horas. Después de eso me llevaron al cuartel. El 4 de abril fui juzgado y más tarde condenado a 20 años de prisión.

¿Qué enfermedades padeció en prisión?

En el año 2007, como consecuencia del estrés al que estaba sometido, padecí colitis ulcerativa. En el 2008 me trasladaron a un hospital en La Habana donde me diagnosticaron colitis crónica.

Después de permanecer ocho meses hospitalizado, la policía política condicionó mi estancia en una prisión de ciudad de La Habana al hecho de que yo aceptara ponerme un uniforme de preso. Como no acepté ese chantaje, fui enviado de nuevo a la prisión de Ciego de Ávila a una celda de aislamiento donde permanecí un año y dos días. Pude salir de la celda gracias al diálogo entre la iglesia y el gobierno.
 

¿Tenía permitidas las visitas de sus familiares?

Desde que ingresamos en prisión el gobierno nos aplicó un régimen de máxima severidad, el cual se emplea con los presos que tienen un mal comportamiento en la prisión, una actitud violenta. Este régimen consiste en el aislamiento total del individuo y el condicionamiento de las visitas por espacio de dos horas cada cuatro meses. Además, sólo te permitían recibir 30 libras (13 kilogramos) de insumos (alimentos, aseo personal, libros…) en cada una de esas visitas.

Durante este tiempo pude ver a mis hijas sólo ocho veces. Ellas junto a mi mujer tenían que recorrer una distancia de 700 kilómetros para visitarme. Cada viaje eran 1.400 kilómetros, esta distancia es más larga que toda la isla de Cuba. De las visitas de esos dos años estamos hablando más o menos de la distancia entre La Habana y Moscú; todo ello para verme 12 horas.

Cuando me trasladan a Ciego de Ávila me bajan a un régimen que sería de primera fase y las visitas comienzan a ser de dos horas cada dos meses. Este se mantuvo hasta el año 2009 en el que me permitían las visitas cada 45 días.

¿Cómo era la alimentación?

La alimentación la defino como típica de campos de concentración, no tengo otro calificativo para definirlas porque es la única manera de acercar el mensaje a la realidad.

¿Qué mensaje le darías a tus compañeros que todavía están en prisión?

Quiero llamar la atención de la opinión pública sobre el hecho de que en Cuba todavía quedan decenas de presos de conciencia, mi reclamo es para el gobierno cubano, para que de inmediato los ponga en libertad. A pesar de la distancia se lo exijo.

Finalmente, quiero agregar que la causa que nos incumbe a la gran mayoría de los miembros del Proyecto Varela no debe ser tildada como del siglo pasado, si no de un proyecto de ley ciudadano vigente jurídicamente y con necesidad histórica. Los hechos que nos motivaron están todavía ahí.
 

“Antonio acepta viajar a España porque soy yo quien se lo pide”

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La Dama de Blanco Gisela Sánchez Verdecia, esposa del ex preso de conciencia Antonio Díaz Sánchez, relata su salida de Cuba hacia España, así como algunas de las difíciles situaciones que atravesó mientras su esposo estuvo más de siete años en prisión.

Datos
Gisela Sánchez Verdecia – Dama de Blanco
Casada con el Sr. Antonio Díaz Sánchez, ex preso de conciencia. Madre de 2 hijas.
Exiliada en España en julio de 2010.
Actualmente se encuentra en Alzira, Valencia.

¿Se esperaba que se diera la liberación de Antonio?

Yo sinceramente no tenía mucha esperanza de que lo liberaran. Cuando el Cardenal Jaime Ortega empezó a intervenir si que tuve más esperanzas. Fue un cambio de la noche a la mañana.

¿Quién le dice la noticia de la liberación?

En primer lugar, la noticia me la da la Seguridad del Estado, me llaman y me dicen que mi marido es uno de los seleccionados para este grupo de excarcelados. Entonces me dijeron que teníamos que viajar fuera de la isla. Mi marido solicitó un encuentro para hablar sobre el posible viaje. Él al principio se negaba a viajar y finalmente acepta porque soy yo quien se lo pide.

¿Desde que le llaman hasta que viajan, cuánto tiempo pasó?

Pasaron como cinco o seis días desde que yo supe hasta que viajamos.

Y para tomar la decisión de viajar, ¿tuvieron poco tiempo?

¿La decisión? imagínate, había que tomarla en ese momento.

¿Cómo fue la llegada a España?

Fue una acogida muy calurosa. No solamente por los cubanos que nos estaban esperando sino también por las distintas organizaciones españolas y las distintas ONGs que nos han acogido. Fue todo muy bonito y muy acogedor. De momento no echamos de menos Cuba y esperamos que así continúe.

La lucha en Cuba
¿Cómo y cuándo se integra a las Damas de Blanco?

Las Damas de Blanco surgen en marzo de 2003 cuando encarcelan a todos los presos políticos de la llamada Primavera Negra. De una forma pacífica nos empezamos a reunir en la Iglesia Santa Rita, para decirle al gobierno que esos hombres estaban presos injustamente. Nos reuníamos cada domingo.

También hacíamos encuentros todos los meses en casa de Laura Pollán, en un llamado “té literario”. Se llamaba así porque en esas reuniones leíamos las cartas que nos escribían nuestros familiares en prisión.

A través de los años no sólo nos reuníamos en la Iglesia si no que caminábamos por las calles de La Habana con gladiolos y vestidas de blanco para que el pueblo cubano nos conociera. Se pensaba que éramos mercenarias asalariadas pero nosotras, alejándonos de esa provocación, manteníamos la misma actitud pacífica.

¿Esperabas que sucedieran las detenciones de Marzo de 2003?

Yo pensaba que iban a estar presos unas horas o un par de días pero nunca pensé que iba a haber juicios, ni estas largas condenas, ni que los iban a mandar a diferentes partes de la isla. Es muy curioso porque no sólo condenaron a los presos si no también a los familiares.

Yo, por ejemplo, estaba al margen de las actividades políticas que desempeñaba mi esposo.

¿Tiene dos hijas? ¿Podían visitar a su padre?

Sí, tengo dos hijas. La más pequeña tenía 4 años y la otra 15 cuando Antonio fue apresado.

Teníamos que recorrer largas distancias para visitarlo. Yo una vez tuve que estar 30 horas en un tren que cogimos por primera vez con la niña más pequeña y estuvimos una noche entera sin luz y sin agua. No te podías mover y tenía que estar con el equipaje encima porque te lo robaban. Nos quedamos en una pendiente que no podíamos ni bajar a tomar agua ni buscar alimentos.

¿Esa fue la primera visita?

No, esa fue una de tantas visitas que realicé. Tengo muchas anécdotas de pasar horas en un andén, en un tren roto, esperando en un aeropuerto un avión para buscar la vía más rápida para desplazarme.
 

¿Qué fue lo más difícil de las visitas?

Lo más difícil era llevar esas 30 libras (13 kilogramos) de insumos, en los que se incluían los alimentos, el aseo personal, libros… para cuatro meses; me provocaba un estrés tremendo. Intentaba darle literatura para que estuviera ocupado y no tuviera que estar concentrado en el encierro, ya que estaba un una celda de aislamiento.

Costaba conseguir todos los alimentos, había que pagarlos a sobre precio, esperar que te concedieran un pasaje, pasar largas horas de viaje. Cuando llegabas a la prisión te tenían esperando muchas horas para concederte la visita. Todo esto para ver Antonio sólo dos horas. Eran torturas psicológicas. Un tema tan angustioso que semanas antes de viajar a la visita ya tenías estrés.
 

¿Le revisaban las cosas que le llevaba a Antonio? ¿Le llegaron a quitar alguna?

Por supuesto que me lo revisaban todo. Las cosas que no dejaban pasar se las quedaban ellos y luego cuando te ibas te las devolvían. No te permitían ingresar cualquier tipo de literatura y pasar libros era una odisea tremenda. En una ocasión tuve que dejar lo que le llevaba a mi esposo porque yo no me podía devolver con eso a La Habana.

¿Cómo afecto la prisión de Antonio en la familia?

Mis hijas enfermaron. La pequeña presentaba un cuadro alérgico e incluso se le caía el cabello. Mi hija mayor sufría de nervios y yo, además, tenía que preocuparme de todas las cuestiones referentes a mi familia y a mi marido. Cuando por ejemplo hacía una huelga de hambre pues yo tenía que avisar al servicio médico y trasladarme para Oriente y tenía que volver a pelearme con los guardias porque no te atendían.

En una ocasión cinco mujeres y yo tuvimos que pasar una noche en un monte, enfrente de la prisión porque no nos querían atender pero lo tuvimos que hacer para asegurarnos de que nuestros familiares estaban vivos, que estaban bien.

¿Y tú llegaste a pedir la licencia extra penal cuando estaba delicado de su salud?

Sí, como no. Eso me llevo un año con un abogado y al final le dijeron a él que eso no se aplicaba.

¿Estuviste un año intentando hacer ese trámite?

Sí. En teoría era un trámite que se hacía rápidamente, nada más solicitar el abogado, según te amparan las leyes jurídicas, pero al final resultó que no fue así. Yo llamaba al abogado pero él no me respondía a mis llamadas porque el gobierno así lo ordenó.

Entonces, cuando di el caso por terminado y sólo me quedaba ampararme a Dios, me lo trajeron a La Habana al año de estar con todo ese proceso. Cuando vino a la capital le hicieron un chequeo y estaba muy mal. Fue cuando los presos pidieron a modo personal que trajeran a mi marido a La Habana porque se iba a morir en la cárcel. Estaba muy delgado, con un color amarillento.

Finalmente, ¿Qué mensaje enviaría a todos aquellos que están todavía en Cuba y en especial a las Damas y a sus familiares?

A los seres más queridos que se quedaron, que intenten no perder la esperanza de que algún día Dios les reconfortará. Que les deseo mucha fuerza y que sigan con la lucha.

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