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¿Culpable o inocente?
Deportes/ Chivos expiatorios para las “deserciones” de deportistas

Cubamatinal/ Una madre y su hija se sienten acosadas por el jefe de sector policial de la localidad en que viven, nombrado Andrés Agramante Castro. Aseguran que la actitud del uniformado ha venido a empeorar la difícil situación que afrontan desde hace algunos años.
Por Amarilis C Rey
La Habana, 21 de agosto /PD/ “Me acusan de tráfico de peloteros, pero hasta la fecha, no sé quién me acusa,” dijo Olga Lidia Ramírez Maura, de 46 años, residente de El Cerro, en Ciudad de La Habana.
Olga Lidia afirma que trabajaba como oficinista en la Academia Provincial de Béisbol, cuando en el año 2008 fue puesta a disposición de los tribunales por un presunto delito de tráfico de peloteros. El Código Penal cubano contempla el Tráfico Ilegal de Personas.
“En el juicio, que se celebró el 29 de enero del año 2009, -cuenta- no se me comprobó nada de por lo que allí se me juzgaba. Incluso no sale ni quién me acusa. El instructor lo vi ajeno, dijo desconocer los detalles del caso. Si se me acusaba de una salida ilegal de peloteros, él no tenía las pruebas por donde era esa salida ni qué día. Entonces se justificó diciendo que había sido instructor del caso al principio y que luego lo habían quitado, y posteriormente entregado el caso de nuevo. Que por eso no sabía. Pero el fiscal lo reprendió diciéndole: Si Ud. es el instructor, lo es al principio, en el medio y al final.
“Fui al juicio con muchas esperanzas de que no iba a suceder nada. Sin embargo, de ocho años de prisión que me pedían se quedó en siete. Entonces puse un Recurso de Casación para reabrir el proceso, pero se mantiene la sentencia.”
Olga Lidia y su hija Lorenis Sánchez Ramírez, de once años, confiesan que desde el momento que comenzó toda esta historia, viven un verdadero calvario que las ha llevado hasta querer atentar contra sus vidas.
Refiere: “Tanto mi hija como yo tenemos tratamiento psiquiátrico. Tuve un accidente de tránsito que provoqué. Y la niña también esta muy alterada de los nervios. al punto que en la última consulta con la psiquiatra esta la encontró sumamente mal.”
La joven Lorenis estudia el octavo grado en la Escuela Secundaria Básica Antonio Briones Montoto. Asegura que ha visto en varias ocasiones al jefe de sector rondar el centro de estudios. “Lo he visto en varias ocasiones, parado en las afueras de mi escuela y me mira,” comenta la niña.
Olga Lidia nota que es frecuente la presencia de autos patrulleros parqueados en los bajos del edificio donde residen. “Toda esta atmósfera esta afectándonos seriamente”, advierte.
“Hace algunos días, este jefe de sector, fue a mi casa para detenerme diciéndome que yo estaba circulada por la policía. Lo peor fue que me lo dijo delante de la niña, quien se puso muy mal y tuve que llevarla enseguida a la especialista que la atiende.
Esta mujer que manifiesta ser enfermera, tener una licenciatura en Cultura Física y haber pertenecido al Equipo Nacional de Judo donde recibió varios premios nacionales, se hace constantemente la misma pregunta: “¿Si tengo una sanción pendiente y el tribunal no me dice nada, por qué tiene que estar el jefe de sector queriendo conducirme sin una orden de arresto y alterando mi vida privada y la de mi hija? ¿Qué existe realmente en el fondo de todo esto?”
Ramírez Maura en su relato mencionó que el 12 de abril de 2008 fue interrogada durante más de ocho horas en Villa Marista, sede central de la Seguridad del Estado y después de medicarla porque se sentía muy mal le dieron un documento a firmar.
Mientras ella recordaba la situación vivida todo este tiempo, su hablar era galopante y sus ojos se mantenían muy abiertos.
No es fácil predecir el final de esta historia tan humana y a veces patética. Pero la realidad es que hay una mujer y una niña de once años desesperadas porque toda esa situación se esclarezca y se haga justicia.
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